Mientras gobiernos, universidades y gigantes tecnológicos destinan miles de millones de dólares al desarrollo de computadoras cuánticas, existe una corriente mucho menos visible que observa el fenómeno con una mezcla de interés y escepticismo. Entre sus representantes se encuentra Gonzalo B. Díaz, ingeniero especializado en procesamiento digital de señales (DSP) y autor de La Ecuación del Tiempo, quien sostiene que la industria podría estar siguiendo un camino técnicamente equivocado.
No es la primera vez que conversamos con Díaz. El año pasado, en una entrevista concedida a este medio, advirtió que el creciente interés por la computación cuántica terminaría trasladando la atención de los inversores hacia una de sus consecuencias menos discutidas: la seguridad criptográfica. En aquella oportunidad sostuvo que el algoritmo de Shor podría convertirse en uno de los principales factores de incertidumbre para Bitcoin si los avances en hardware cuántico comenzaban a percibirse como una amenaza real para los sistemas criptográficos actuales. Meses después, el mercado reaccionó con fuertes movimientos ante noticias vinculadas a la evolución de la computación cuántica y su posible impacto sobre la criptografía, reavivando un debate que hasta entonces permanecía mayormente en el ámbito académico.
Su postura no parte del rechazo a la mecánica cuántica ni de una defensa de los modelos clásicos por el simple hecho de ser conocidos. Para Díaz, el progreso científico depende justamente de cuestionar las ideas establecidas cuando las observaciones empiezan a mostrar que algo no termina de encajar. En su visión, una teoría debe modificarse cuando la evidencia lo exige, y no al revés. "La naturaleza siempre tiene la última palabra", resume durante la entrevista.
Según explica, gran parte de la industria ha construido una narrativa que asocia automáticamente computación cuántica con la próxima revolución informática. Sin embargo, considera que esa expectativa todavía no encuentra respaldo suficiente en los resultados obtenidos. En su opinión, la enorme inversión realizada durante los últimos años contrasta con las dificultades persistentes para construir sistemas escalables, estables y útiles fuera de entornos altamente controlados.
"La historia de la tecnología está llena de momentos donde el mercado confunde potencial con realidad", señala. "La innovación no siempre triunfa quien posee la teoría más elegante, sino quien logra fabricar una solución reproducible, económica y capaz de resolver problemas concretos."
Para Díaz, parte del problema también pasa por cómo se comunica la computación cuántica fuera del ámbito científico. Explica que muchas veces se genera la impresión de que un procesador cuántico terminará reemplazando a los procesadores convencionales y multiplicará la velocidad de cualquier tarea informática. Sin embargo, sostiene que la realidad es bastante más específica: la computación cuántica está pensada para resolver determinados problemas donde puede ofrecer ventajas significativas, pero eso no implica que vaya a sustituir a la computación clásica en el uso cotidiano ni que represente una mejora general para cualquier aplicación.
En su opinión, esa diferencia suele perderse cuando la información llega a los mercados financieros. Entre la investigación académica, la ingeniería y las finanzas existen lenguajes distintos, y muchas veces las expectativas se construyen sobre interpretaciones simplificadas de avances científicos complejos. "El mercado no siempre compra lo que una tecnología realmente hace; muchas veces compra lo que imagina que podrá hacer", explica.
Ese razonamiento dio origen a uno de sus trabajos más recientes, un análisis crítico sobre la evolución del sector cuántico. Allí plantea que la industria actual concentra enormes esfuerzos en preservar estados extremadamente frágiles mediante criogenia, aislamiento y complejos mecanismos de corrección de errores, una estrategia que considera difícil de sostener a gran escala.
Para Díaz, el verdadero desafío no consiste en demostrar que una tecnología funciona bajo condiciones ideales, sino en encontrar soluciones que trabajen a favor del comportamiento natural de los sistemas físicos. "La ingeniería siempre obtiene mejores resultados cuando deja de luchar contra la naturaleza y comienza a utilizarla a su favor", afirma.
Esa misma forma de pensar atraviesa La Ecuación del Tiempo, el libro que publicó en 2025 y que actualmente se encuentra disponible en las principales plataformas digitales, donde además ha recibido una valoración de cinco estrellas por parte de sus lectores. En la obra, Díaz invita a reflexionar sobre algunos de los supuestos que, según su visión, dominan parte de la física contemporánea. Lejos de proponer un rechazo a las teorías actuales, sostiene que toda explicación científica debe permanecer abierta a revisión cuando las observaciones comienzan a exigir hipótesis cada vez más complejas. Para él, cuestionar un paradigma no significa descartarlo, sino volver a someterlo al método científico y buscar explicaciones más simples, capaces de describir la naturaleza con la menor cantidad posible de supuestos.
Su visión también tiene implicancias para los mercados financieros. Durante la última década surgieron numerosas empresas dedicadas exclusivamente al hardware cuántico, muchas de ellas con valuaciones multimillonarias impulsadas por la expectativa de dominar una tecnología considerada estratégica. Díaz cree que ese entusiasmo podría enfrentarse tarde o temprano con las limitaciones propias del desarrollo industrial.
"Los mercados descuentan el futuro, pero también corrigen cuando la realidad tarda demasiado en alcanzarlo", sostiene. "Si aparece una arquitectura capaz de ofrecer ventajas comparables utilizando procesos de fabricación convencionales y consumiendo una fracción de la energía, las valuaciones podrían cambiar muy rápidamente."
Sin embargo, aclara que eso no significa que la próxima revolución informática no vaya a llegar. Por el contrario, cree que el verdadero salto tecnológico todavía está por delante, aunque probablemente provenga de un lugar distinto al que hoy concentra la mayor parte de las inversiones. En su opinión, el mercado busca una tecnología capaz de ofrecer un aumento masivo de la capacidad de procesamiento para las aplicaciones que ya utilizamos todos los días, con resultados deterministas, bajo consumo energético y posibilidad de fabricarse a gran escala. Esa, sostiene, es la tecnología que realmente transformará la informática tal como la conocemos.
Desde esa perspectiva, Díaz considera que la computación cuántica y esa futura generación de procesadores no compiten entre sí, sino que resolverán problemas diferentes. Mientras la primera seguirá siendo especialmente valiosa para determinadas clases de algoritmos y aplicaciones muy específicas, la segunda estará orientada a potenciar la enorme mayoría del software existente y de los sistemas de inteligencia artificial, donde el rendimiento bruto, la eficiencia y la escalabilidad continúan siendo las variables más importantes.
Es precisamente en esa dirección donde concentra actualmente su investigación. Díaz trabaja en el desarrollo de una nueva arquitectura de procesamiento sobre la que también se apoyan distintas solicitudes de patente y afirma encontrarse en la búsqueda de inversores para una ronda pre-seed que permita acelerar el desarrollo de la tecnología. Según explica, su objetivo no es competir con la computación cuántica, sino construir la clase de procesador que, a su entender, el mercado espera desde hace años y que muchas veces se atribuye erróneamente a la computación cuántica.
En ese escenario, la inteligencia artificial podría convertirse en un factor decisivo. A medida que aumenta la demanda de capacidad de cómputo, consumo energético y eficiencia económica, la competencia entre arquitecturas dejará de medirse únicamente por publicaciones científicas y comenzará a evaluarse por métricas industriales concretas: costo por operación, escalabilidad, rendimiento y facilidad de producción.
Además de su actividad como investigador, Díaz participa en desarrollos tecnológicos para terceros. Actualmente trabaja en el sistema base sobre el que funcionará una aplicación destinada al mercado asegurador. Según afirman quienes financian el proyecto, esa plataforma tiene el potencial de transformar distintos procesos dentro del sector. Para el ingeniero, ese tipo de iniciativas representan una oportunidad para demostrar que las nuevas ideas no solo deben sostenerse desde el punto de vista teórico, sino también generar soluciones concretas para problemas reales.
"Al final, los mercados no compran teorías; compran resultados", concluye Díaz.
Queda por ver si su visión terminará confirmándose o no. Pero, en un momento donde la computación atraviesa uno de los períodos de mayor transformación desde la aparición del microprocesador, las preguntas que plantea resultan difíciles de ignorar. Si su hipótesis resulta correcta, la próxima revolución informática no llegará necesariamente de la mano de la computación cuántica, sino de una nueva generación de arquitecturas capaces de ofrecer exactamente aquello que el mercado lleva años esperando: más potencia, mayor eficiencia y resultados deterministas para la informática de uso masivo.
